Un día con LAVAPERU por Jesús Warton*

Conocí a Javier en el 2010. Él me regaló el segundo número de la revista TXT, y conversamos sobre Humanidades. Desde entonces, siempre se mostró con ánimos de dialogar, y sobre todo de transmitir e intercambiar conocimientos. Hoy asume el reto –junto a Jharlen Ormeño, artista plástico, y Diego Lázaro, productor musical– de enseñar a enseñar. Pues, el taller de pedagogías poéticas de LAVAPERU es eso: un laboratorio –como reza su insignia– donde cada participante se explora libremente con diversos materiales (no sólo poéticos), que aunque básicos no dejan de ser claves para las diversas actividades que se tornan complejas y que finalizan en una suerte de poiesis.

La pasión por la enseñanza es el hilo conductor del taller: Al finalizar cada actividad es importante preguntarse ¿qué hemos hecho?, puesto que cada una de ellas si bien son realizadas claramente, pareciese que tiene en clave libre otras modalidades o aspectos ocultas, muy ricas: Siempre será capital en toda pedagogía más que el cuánto el cómo. Aunque en esta ocasión esa pregunta no se responde tan fácilmente, ya que pareciese que se queda bien respondidas justo en los bordes de nuestra comprensión y de nuestros cuerpos –como en un poema–, puesto que el taller explora los sentidos –como se dijo– y el cuerpo en general como lo hacen los educandos que conciben la enseñanza como una labor integral (no hay otra relación válida en la enseñanza más que el de iguales y co-partícipes del proceso de aprendizaje que siempre es creativo).

A lo largo del taller, se exploran las propiedades kinestésicas del cuerpo –gran protagonista–; esas habilidades espaciales se engarzan, por ejemplo, al color y al trabajo en equipo en la realización de pinturas que al principio son individuales. Se tiene que pensar necesariamente en el otro para culminar una interesante y necesaria pieza artística. También, se realizan poemas libres y de materiales diversos, que tienen como temas poemas ya leídos y pertinentes,  para ejercitar el lado poiético de cada integrante… ¿Ahora dónde queda lo poético? Esto se ve en prácticamente cada una de las dinámicas y charlas, desde entonar sonidos diversos de poemas vanguardistas, pasando por ejemplificar con el cuerpo estrofas de un poema de César Calvo, hasta encontrar un ritmo propio producto de la exploración con instrumentos musicales y otros componentes más caseros (como unas llaves). Así, se logra descubrir que el ritmo está en todo, que depende del oído [grupal] pleno de curiosidad, y que el ritmo es esencial en la poesía, por lo que descubrimos –finalmente– que todos tenemos un poeta vanguardista por salir, pues la poesía se puede tornar cuerpo y pedagogía.

Jesus Warton es estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En la imagen, naranja poética sobre el poema “Estudio de dos peras” de Wallace Stevens hecho en durante el segundo taller de pedagogías poéticas en Lima.