Sobre “Erocrítica. Provocaciones humanísticas” por Rocío del Águila Gracey*

Reseña del libro Erocrítica. Provocaciones humanísticas (2107) de Milagros Soez y Javier Suárez.

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He leído los textos anteriores de Javier Suárez y con Erocrítica I: Provocaciones humanísticas (2017) puedo notar un cambio en el lenguaje: se trata de una invitación a reflexionar sobre nuestro propio mundo y conocimiento, y también de una exigencia de salirnos de cuadro, a perder el enfoque y a cuestionar(nos) como ejercicio válido para mirar con otros ojos. Erocrítica nos ofrece ensayos diversos que van desde crónicas urbanas y su andar por lugares que muchos de nosotros no transitamos. Asimismo, nos invita a reflexionar desde diferentes aristas sobre la poesía, la educación, la política, las marchas, el feminismo, el movimiento LGTBI y el humanismo.

No puedo negar que estuve algo reacia hacia la propuesta de Erocrítica hasta que leí el ensayo Estrategias de la alegría y la maravillosa forma que hacer dialogar los mecanismos de la CVR y las canciones del grupo de rock Virus para presentarnos una manera más humana, más sincera, más sana de pensar las políticas de post-memoria y de curarnos a nosotros mismos de una época difícil de olvidar. Ahí pude mirar con otros ojos, mirarme y mirarlos desde lo erocrítico.

En Erocrítica se sostiene que “lo erótico es lo poético y lo poético es producir(se) orgánicamente sobre la base del deseo personal y/o colectivo” (Suárez 2017: 58). La erocrítica es, entonces, aquel proyecto que -a partir de un lenguaje distinto, diferente, poético- busca que cada uno/a se vea a sí mismo/a y se autoanalice, que cuestione sus privilegios, sus miedos, sus particularidades y vea a su par como alguien que también tiene particularidades y las cuestiona. Solo a partir de esta experiencia puede nacer una comunidad que no solo será un conjunto de seres obligados a convivir, sino un espacio donde el amor (deseos, eros) guíe el devenir orgánico-textual de un “nosotros”.

No hay que olvidar que en la actualidad tendemos al egocentrismo, el narcisismo y la división en aras de “poder” o de identificarnos como mejores que otros (por ejemplo, “yo sé tal teoría”, “yo solo tengo el conocimiento”, “créeme”, “mírame”, “alábame”). Todos hemos caído en esto en menor o mayor grado sin darnos cuenta de que la palabra o la actitud no son suficientes para llegar a alguien más y poder afrontar un diálogo real.

El proyecto de comunidad que presenta Javier dialoga con el feminismo en esencia. El feminismo que yo conozco y profeso parte de la comunicación, del diálogo a partir de un lenguaje nuevo, propio. Desde este punto de partida, las feministas hemos podido conocer más sobre nuestra condición de mujeres, nuestras relaciones entre mujeres y las relaciones que mantenemos con los varones y los miembros LGTBI. Es a partir del amor propio y el amor por aquel ser distinto a uno/a que los estudios de género han podido desarrollar sus diversas teorías (no hay que olvidar que como movimiento feminista y como estudios de género no tenemos más de 60 años de trayectoria).

Por eso mismo, aún nos falta mucho trabajo académico-crítico y de organización y activismo, además del aspecto pedagógico que ha sido dejado siempre al último por cuestiones políticas, académicas, prioridades, excusas. Si bien Erocrítica sostiene que ser erocrítico significa dar preponderancia a construir, enseñar y compartir, este ejercicio es algo que no se desarrolla en su totalidad por ningún activismo o artivismo ni por ninguna ciencia académica.

Ahora bien, el género se entiende como aquel sistema de representación que constituye posiciones sociales cargadas de significados: es una construcción que es producto y proceso de representación. Si bien sabemos que el género (al igual que el sexo) es una categoría artificial y que solo cumple propósitos de posicionamiento político, económico, cultural y de poder.

Erocrítica indaga en lo de-generado aludiendo -acertadamente- que el género persiste en la dicotomía varón-mujer/cultura-naturaleza/activo-pasivo, y en su explicación presenta a los géneros como metáforas -puentes- que nos permiten movernos de un lado a otro. Efectivamente, en este punto Javier dialoga con todas las feministas de color y del Tercer Mundo, que se ven a sí mismas en una frontera y haciendo frente a diferentes luchas y moviéndose en planos domésticos, académicos, culturales, raciales, entre otros. Recordemos a Anzaldúa, Moraga o Lorde, quienes se reconocían a sí mismas en ese puente y por medio de un discurso poético escribían desde un yo que representaba a su comunidad.

Su reconstrucción empezó desde pequeñas y tuvieron que afrontar diversas aristas, como muchos de nosotros: ser mestizas, lesbianas, gays, queer, de una clase baja, ser primera generación con educación, tener padres analfabetos, la religión. Así como ellas, Javier plantea abrir un camino desde nuestra propia realidades y saberes, aquí en el Perú, en Latinoamérica, para repensarnos y empezar a armar nuestras propias cartografías para luego poder desarmarlas, anularlas y volver a empezar, sin teorías ni voces que nada o poco conocen de nuestra realidad.

Debemos olvidar el binarismo, la oposición que nos separa -como señala Javier- y dar cabida a lo diverso sin temor ni asco. Todos somos únicos y podemos y debemos hacer una elección personal pero maleable. Cabe señalar que en la actualidad esto aún no es posible, pues por cuestiones políticas y de reivindicación aún debemos nombrarnos y clasificarnos. Pero la meta del feminismo y el movimiento LGTBI es análogo a lo que plantea Erocrítica: olvidar los género, volvernos de-generados y re-educarnos con amor. Nuevamente recalco que este es mi feminismo y hay que diferenciar los diversos movimientos feministas que existen, también hay que recordar que no se puede encasillar a todas bajo prejuicios o generalidades.

Otro punto interesante dentro de lo de-generado es que Javier propone una “culofilia”, es decir, un apego a los culos, o una erótica de culos como necesidad -nuevamente- de quebrar el binarismo pene-vagina y trascender el placer normado. Aquí descubro un diálogo con Paul B. Preciado y su Manifiesto contrasexual (2002). En este texto, Preciado sostiene que la sexualidad es una tecnología, en cuanto se emplean prótesis, aparatos y dildos, los cuales permiten crear una nueva gramática a partir de los culos y reivindicar el placer tecnológico, político, filosófico, queer, transgénero de aquel espacio anatómico: el culo.

Tanto Preciado como Javier buscan -a su manera- quebrar las divisiones creadas por las relaciones de poder y presentar nuevos caminos hacia el eros. Al pensar el eros, Javier quiebra con los preceptos de género instaurados en nuestro inconsciente y permite abrirnos a nuevas representaciones y nuevos productos eróticos.

Finalmente, sobre el ensayo “Risa y feminismo” y el uso del humanismo humorístico y su beneficio al momento de la autocrítica, tengo algunas consideraciones que agregar a lo presentado por Javier. Él nos propone reírnos de nosotras, del machismo y del feminismo. En otras palabras, de los absurdos. Nosotras ya nos reímos hace mucho (bueno, tal vez se debería aclarar quiénes son esas amigas feministas a las que se hace referencia), pero nos reímos cuando nos tratan de feminazis, nos reclaman que nos escondemos detrás de nuestro feminismo o que odiamos a loso hombres. Nos reímos de eso y con amor (por lo menos yo lo hago y conozco a varias que también lo hacen) explicamos y dialogamos con quienes nos llaman así.

Asimismo, el movimiento LGTBI se ha apropiado y resemantizado términos despectivos como perra, marica, bollera, leca, chica con sorpresa y los emplea burlonamente. Tampoco hay que olvidar a diferentes artistas como Flavia Álvarez y su tira cómica Flavita banana, Nacho pogre, Devenir perra de Itziar Ziga, Natalia Iguiñiz con Perra habla-Colectivo concha, entre muchos otros. Todos estos artistas, por medio de la sátira, se burlan de nuestro actuar, del feminismo, del amor romántico, del machismo y de los “estereotipos de feminista”.

Sin embargo, reconozco que la erocrítica que hace Javier del género, el feminismo y el movimiento LGTBI se cimientan en construcciones creadas al no permitir un diálogo desde el amor y pedagógico (siguiendo el modelo que propone Javier). Toda esta reflexión me ha permitido ver cuáles son los puntos donde como feministas debemos poner énfasis para generar una comunidad y un conocimiento más pedagógico y didáctico. Sin más que agregar los invito a leer Erocrítica con otros ojos y dejarnos remecer por Javier Suárez.

*Rocío Del Águila Gracey (Lima, 1988) Es docente y poeta. Ha publicado los libros de poemas “La falsa piel que me habita” (Hipocampo editores, 2013) e “∞” (Hipocampo editores, 2015). Sus temas de interés son la literatura latinoamericana contemporánea, el feminismo y los estudios de género.