La crisis de las humanidades hoy por Ernesto Castillo*

Texto presentado el 6 de setiembre del 2017 en “El conflicto de las facultades. Sobre la universidad y el sentido de las humanidades”, Congreso internacional en conmemoración del centenario de la Pontificia Universidad Católica del Perú (1917 – 2017)

Las humanidades han fracasado; o también podría decir, los humanistas han fracasado. ¿Por qué digo esto? En la actualidad, estamos perdiendo más y más terreno en el mundo entero, ya sea en las universidades y en los colegios, en los medios de comunicación como en los hogares. El estudio de las humanidades como nos lo enseñaron ha muerto. ¿Cómo así?

En los últimos años hemos visto retroceder el alcance de las humanidades en el globo. Por ejemplo, en Japón, el gobierno decretó hace unos años que recortaría los recursos de las facultades de humanidades para enfocarse en las carreras de ciencias e ingeniería. En España, el gobierno central decidió quitar la obligatoriedad del curso de filosofía al 2° año de bachillerato. En EEUU, Donald Trump ha recortado el presupuesto público a las artes y las letras como una de sus primeras medidas. Mientras que aquí, en el Perú, a los estudios de género se les llama despectivamente “ideología de género”, quitándole, de esa forma, cierta validez científica que posee esta rama de estudio.

Todos estos ejemplos son solo un recordatorio del duro trabajo que tenemos nosotros los humanistas tanto dentro como fuera de las aulas universitarias. Últimamente nos hemos recluido en los claustros académicos, conversando entre nosotros, publicando y criticándonos los unos a los otros, estando de espaldas hacia los demás. Mientras las revistas especializadas y las tesis crecían, los humanistas invitados a los grandes medios de comunicación disminuían, perdiendo terreno frente a las demás ciencias. Mientras enseñábamos a Aristóteles, Saussure y Cervantes, olvidábamos los nuevos artistas que invaden nuestras calles, salones y exposiciones, obviándolos. He ahí mi crítica. Por ese motivo, debemos reinventarnos y acomodarnos en este nuevo mundo a través de dos factores: (1) la divulgación de los humanistas en los medios de comunicación y (2) la aceptación de nuevas humanidades.

Si las humanidades han fracasado es porque los humanistas no somos lo suficientemente buenos para ver el cambio con nuestros propios ojos. Hemos perdido terreno frente a las ciencias, la biología, la medicina, etcétera.

Desde ya varios años y, diría, generaciones, las carreras de humanidades han sido ninguneadas por nuestros familiares, por la prensa y el público en general. De igual manera, no hemos podido —nosotros, en conjunto— salir de ese atolladero. Como bien sabemos, las humanidades —y también las Ciencias Sociales— gozan de buena salud dentro de la Academia, la crítica y dentro de las aulas universitarias: se abren cursos cada semestre, hay alumnos que estudian esas carreras con esmero y algunos con desgano —como en toda especialidad—; se sustentan tesis, se publican revistas y artículos en diversas partes del mundo, se lideran coloquios, se imparten clases magistrales, etc. Mientras tanto, seguimos encerrados en nuestra cúpula, en nuestro mundo académico. Ese es parte del problema como sabrán. No soy el primero en decirlo, pero hemos perdido la batalla y debemos ganarla nuevamente, lucharla con pundonor.

¿Qué hemos perdido?, preguntarán. Pues, hemos retrocedido, nos han desplazado de los grandes medios de comunicación que, hasta hace algunos años, nos invitaban y nos daban columnas de opinión, entrevistas, críticas de las últimas novelas y puestas en escena, etc. No hablo solo del aspecto literario, del cual provengo. Pensemos por un instante. ¿Qué escuchamos en las radios? Encontramos ingenieros, arquitectos, médicos, psicólogos y está muy bien. También invitan a músicos y escritores, pero son la minoría. Pero no veo ni escucho a críticos literarios, a sociólogos, a antropólogos, a geógrafos y mucho menos a filósofos. ¿Por qué? ¿Somos inservibles? Nosotros sabemos que no. ¿No somos solventes económicamente? De repente sí. Hemos perdido nuestro espacio en el imaginario social como profesionales útiles a la sociedad. Nos han perdido el respeto y debemos recuperarlo.

Hay otro segundo aspecto el cual hemos descuidado: el contacto con el público no especializado. Al estar fuera de los medios de comunicación, la gente no nos toma en cuenta, no nos pide nuestra opinión: nadie quiere saber sobre las últimas lenguas amazónicas en peligro de extinción, sobre el último descubrimiento arqueológico, ni qué quiso decir este poeta o este novelista. Humanistas, les digo, debemos hacer algo. Ya estoy harto de que los científicos —ya sean físicos, astrofísicos, químicos, doctores o psicólogos— inunden los medios de comunicación y se ganen los aplausos de las gentes. Estoy harto de que en los medios se hable cada vez menos de los libros que han sido publicados, de los estudios lingüísticos que se han investigado, del nuevo vestigio arqueológico encontrado, etcétera. Si el arte, base de las humanidades, está en caída libre, nosotros, los que estudiamos las humanidades, ¿cómo estaremos?. Si dije anteriormente que las humanidades gozan de buena salud, significa que, entre nosotros, los mismos humanistas, consideramos eso plausible. Pero, como ya recalqué, hemos descuidado a la gente de a pie.

Les doy un ejemplo contemporáneo y peruano. ¿Por qué se ha impuesta el término “ideología de género” y no “teoría o enfoque de género” en el habla cotidiana y también en la prensa? El término es despectivo, obviamente. ¿Por qué? Otra vez diría, porque hemos perdido la batalla. No hemos sabido articular nuestras teorías y nuestros saberes fuera de la Academia. Necesitamos retomar los fueros extracadémicos, pero esta vez dando batalla, haciendo hincapié en lo que es importante en un lenguaje sencillo y claro. Se les achaca a varios de nosotros de escribir en “difícil” o en un lenguaje oscuro, lo cual a los mismos especialistas les da dolor de cabeza, pero después de varias lecturas entendemos el mensaje. Pero para el público de la radio, de la televisión, la prensa y las redes sociales, no.

¿Cuál es el resultado? Nos dejan de lado. Como no nos entienden, no conservan el conocimiento que nosotros producimos para nosotros mismos. ¿Cuál es el efecto? Cuando alguien viene y les habla sobre “ideología de género” sin saber qué es el género o la teoría de género, les creen. Porque hay personas que hablan “su” lenguaje. Un lenguaje simple, conciso. Entiendo que esa no es la solución a los conservadores que han introducido el término de manera despectiva y para atacar a los que promueven una política con enfoque de género; pero el ejemplo es válido para probar mi punto de vista. Debemos entrar a su terreno, salir un poco más de nuestras aulas y feudos universitarios, salir a caminar, tomar el bus, observar a las personas que hacen humanidades y que aparecen invisibles ante nuestros ojos. Dejemos de ir a la casa de playa todos los fines de semana en verano e indaguemos más en este, nuestro propósito, difundir las humanidades a un público más amplio que el universitario.

El siguiente punto por tratar para recuperar el terreno perdido es volver nuestra mirada a la calle, a la gente. Las humanidades están allí, listas para ser estudiadas, categorizadas y difundidas. Estudiar la literatura y la filosofía de los libros, por ejemplo, es aún factible, pero el mundo actual ha cambiado, sobre todo en los medios. No solo el papel es el principal transmisor del conocimiento, tarea que cumplió fehacientemente por cientos de años, sino que, al igual que el papiro, está dejando su puesto a otras herramientas más útiles para el almacenamiento de la información y el conocimiento humano. Ahora podemos gozar de miles de libros y textos almacenados en un pequeño objeto y leerlos desde nuestros celulares y computadoras portátiles, cosa impensada hasta hace unos años. El libro no morirá, solo que se transformará en una herramienta más útil.

En este apartado me gustaría discutir sobre el papel de las redes sociales y los medios de comunicación. Ya adelanté que hemos sido desplazados de los grandes medios de comunicación escritos y televisivos, pero en la actualidad una solución debería ser la de utilizar los nuevos softwares que vienen de la mano con las futuras herramientas informáticas. A su vez, entrar e utilizar los formatos que nos ofrece Facebook, Twitter, YouTube, etc.; Las clases virtuales, en vivo, videoconferencias. Poco a poco observo que nuestra universidad, la PUCP, por ejemplo, se está insertando en ese mundo y me alegro. Hay que seguir su ejemplo. Nosotros, mientras tanto, dedicarnos a escribir blogs, reseñas, dar clases en vivo utilizando las redes sociales y el internet. Si no lo hacemos ahora, cuando estas herramientas están en plena expansión, después será tarde.

Aquí quisiera hablar de las nuevas humanidades que están frente a nuestros ojos, listas para ser estudiadas, pensadas y, ¿por qué no?, filmadas para la posteridad. Y es nuestra culpa, porque las humanidades siempre estuvieron allí, a vista y paciencia de todos nosotros, esperando ser analizadas por nosotros, pero no las hemos visto. Nos hemos quedado estancados en el tiempo sin darnos cuenta de que las artes cambian, las humanidades se transforman y mutan. Está bien que se siga enseñando Historia, Literatura y Filosofía, pero hay que ser ciego para no ver que la literatura ya no viene solo en papel y a través de las novelas, sino en versión digital y combinando varios géneros, uniendo palabras con gráficos, frases con videos en línea. El gran ejemplo de ello es el cómic y, en la cultura oriental, el manga.

Hay que atreverse a ver un poco más allá, a la calle, donde las cosas suceden, y así nos percataremos que el hip hop, la pintura callejera, los cómicos ambulantes, el beat box, todos ellos son humanidades de las que no hablamos. Seguimos con el rollo de la literatura, la lingüística, la geografía, la historia, la retórica, la pintura, etcétera; pero no vemos las nuevas artes que el hombre crea y recrea constantemente. Este es otro punto vital para entender la crisis de las humanidades hoy, a la par con la (re)conquista de los medios de comunicación acerca del cual ya discutimos.

Yo quisiera, no saben cuánto, que todos los niños, jóvenes y adultos lean, se compren libros, escriban, debatan y se preocupen por adquirir más y más conocimiento. Lamentablemente, no todas las personas son iguales y nuestra cultura es más oral que escrita. Una vez en clase, un profesor nos preguntó: “¿Por qué creen que los cobradores de combi cantan las rutas si estas ya están escritas en el bus? ¿Por qué lo hacen si ahí se lee que dice que van por todo Javier Prado, pero aun así preguntamos o queremos escuchar al cobrador o al conductor sobre ello? ¿Será que somos desconfiados de la letra y más propensos a creer en la palabra del otro?”. Pues parece que sí, pues los infaltables contadores de chistes, los vendedores de golosinas, los cantantes aficionados, los “cuentacuentos” (los que te dicen que recién han salido de la cárcel o que tienen a la hija, hijo o mujer en el hospital y necesitan juntar para sus medicinas) abundan y muestran su arte en cualquier lugar de la gran ciudad.

Los pintores aficionados o profesionales venden sus cuadros en la calle o, simplemente, pintan en las paredes (los famosos grafitis), en las pistas, en las veredas y con variados medios, como el spray. Si no lo hacen de esa forma, igual se “adueñan” de la ciudad y utilizan cualquier espacio, lugar y tiempo para realizar una instalación. Las llamadas performance, por ejemplo, que pueden ser teatrales o poéticas, están siempre a la vanguardia, dándonos nuevas excusas con sus novedosas técnicas para verlos, analizarlos y estudiarlos.

En síntesis, una persona que no sale todos los días por la ciudad no se da cuenta de que el arte y las ciencias humanas están en todos lados, listas para ser (re)descubiertas por nosotros: los que investigamos, enseñamos y promovemos las humanidades. Nuestro colectivo tenía una frase que yo voy a transformar, decía “¡Las humanidades a la calle!”. Pero, las humanidades ya están en la calle, como he estado señalando en toda mi ponencia, los que faltan son los humanistas. Por ese motivo voy a tergiversar o subvertir el término que acuñamos por otro. Finalmente, amigos humanistas, vean, observen, analicen, estudien y escriban sobre las humanidades. Inunden por todos los medios posibles el nombre de las humanidades con sus escritos, canciones, posts, poemas, videos, performance, etc. Es hora ya de que nos tomen en serio. Por eso les digo, a todos ustedes: humanistas, ¡salgan a la calle!

*Ernesto Castillo es egresado de la carrera de Literatura hispánica de la PUCP. Miembro de la asociación cultural TXT desde el 2011. Actualmente, se encuentra trabajando en una tesis sobre El rabdomante de Sebastián Salazar Bondy. Interesado en temas de teoría literaria contemporánea, cine, teatro y filosofía del lenguaje.