Derecha apolillada

Por: Silvio Maldonado

Cuando era niño veía en televisión los comerciales de la marca de tejidos Polystel. Estos mostraban a una anciana que, en una metáfora de las telas que comercializaba la empresa de la publicidad, “se mantenía joven aunque pasaran los años”. Resulta interesante preguntarse si la derecha peruana tiene esa capacidad Polystel.

Las ultimas elecciones mostraron un patrón interesante que merece análisis. Se supone que en el espectro de posturas políticas existe toda una gama de personas capaces de abrazar las libertades irrestrictas de mercado –esas maravillosas libertades para elegir entre las 6 marcas de gaseosas negras, o entre las prendas del mismo color y material vendidas por dos tiendas de Retail- a la vez que hacen defensas acaloradas de las libertades y derechos civiles y políticos. En el mapa político estadounidense se les asocia con el libertarianismo, y eventualmente con el anarco-capitalismo. Esta variante de pensamiento de derecha se mantiene en un incómodo mismo bando que la derecha conservadora, apolillada, interesada sólo en mantener sus privilegios e inmiscuirse en las habitaciones y cuerpos de los ciudadanos.

En nuestro país el movimiento libertario es pequeño pero bullicioso. Suelen publicar artículos en los que regañan al Estado por inmiscuirse en cada vez más espacios de su preciada libertad, dejando menos Cosmos e instituyendo más Taxis (Hayek dixit). Sin embargo, cuando se trata de las campañas electorales sus voces son silenciadas por un monolítico interés en el “mantenimiento del modelo”. ¿El candidato que mantiene el modelo propone un Estado teocrático? No importa, es macroeconómicamente responsable; ¿propugna la intromisión Estatal en decisiones sobre el propio cuerpo humano? No importa, antes que nada es el modelo; ¿mantiene al Perú en una retrógrada condición decimonónica? No importa, con el modelo a salvo llegará el día en que el mercado nos libere de nuestras taras. Y es en esa defensa antojadiza que pierden la legitimidad de su postura. Porque si algo de honor le quedaba al libertarianismo criollo era el romanticismo de la libertad salvaje, que ha ido perdiendo a punta de crudezas y alianzas imposibles. A contracara, la izquierda –en su versión moderna, porque en la izquierda también hay sectores prehistóricos- ha capitalizado una postura potente en materia de derechos civiles y políticos, y ha logrado la adhesión de importantes actores sociales para el desarrollo del país en esta materia. Gran parte de los colectivos más “progre” del país se han adherido a las opciones de izquierda no porque compartan la visión económica y social de la izquierda, sino porque comparten una agenda potente en materia de derechos civiles y políticos. Movimientos como el MHOL, “Déjala Decidir” y “Perú Estado Laico” han mostrado una adhesión a las candidaturas hacia la izquierda no por ser sus apéndices asalariados –como la hipótesis paranoide de derecha podría sugerir- sino porque la agenda de la izquierda ha sabido construirse desde una base social no cuantitativa sino cualitativamente amplia. En esta amplitud no importan tanto los números –no interesa que los movimientos evangélicos llenen estadios- sino las posibilidades de construcción de identidades capaces de reconocerse en un proyecto político. Y si la democracia trata de la legitimidad de las decisiones tomadas en el poder, la propuesta de izquierda tiene perspectivas más democráticas.

Finalmente, lo triste del panorama descrito es que la derecha libertaria que pudo desmarcarse del apolillado hedor de la derecha decimonónica se amparó en respuestas ambiguas, tibias o esquivas. Los deslindes llegaron tarde y nunca, y la derecha se hizo monolítica. Con ello nuestro libertarianismo made in Perú mostró que aplican una regla –como diría Rawls- de forma lexicográfica: “Defiendo la ampliación de derechos civiles y políticos, si y sólo si cuando al hacerlo no voy en contra de las libertades de mercado. En caso de conflicto entre estas dos dimensiones, el mercado ha de ser defendido con la vehemencia de un pastor evangélico”. Así, la derecha ha mostrado su falta de calidad textil: a diferencia de Polystel, no se mantiene joven aunque pasen los años.

Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=WV42-JxX_yQ